
Por Nicolás Marrassini
La contemplación es la fórmula mágica para adquirir conocimiento de uno mismo. La contemplación transforma la calidad de lo contemplado, ya que hace la luz, es decir, conocimiento, en la oscuridad. Los seres humanos siempre están deseando cambiar las cosas y, por ello, les resulta difícil comprender que lo único que se le pide al hombre es ejercitar la facultad de contemplación. El supremo objetivo del ser humano –podemos llamarlo sabiduría o iluminación– consiste en contemplarlo todo y reconocer que bien está como está. Ello presupone el verdadero conocimiento de uno mismo.
Y fue una pócima mágica, y Guido me reconoció. Pero yo lo vi, lo oí y lo sentí por todo el cuerpo. Cae en forma de gotas, a veces, cuando uno baila con muchas ganas. En una caminata de parque hacia la playa. O se presenta como una institución salvadora, que recoge gente de lo más profundo.
Lo vi en mis amigos también, lo oí y lo sentí. En grupo de cuatro. Se presenta como luz, como mar inmenso y en forma de gente inmensa. Y yo lo reconocí.
Es instrumento de unificación que permite el sobrepaso de barreras y no permite limitarse (así lo cuenta mi libro).
Lo sentí convertido en montaña, en paisaje entero y en vuelo de regreso. Bochi lo frecuenta, yo estoy aprendiendo a verlo de a ratos.

Transforma. Pero es seguro que los voy a reconocer a la vuelta. Porque los vi, los sentí y los reconocí, y ya son parte de mí también.
De vez en cuando toma el aspecto de la cumbia o del ballenato, produciendo movilidad incesante. Toda decisión libera. Y el andar te saca de la abulia.
El viajante me lo había tratado de explicar y hasta me lo escribió. Él supo encontrarlo mucho antes, acá, a solo veinte cuadras. Me costó comprenderlo. Es que está cargado de subjetividad y se lo puede confundir fácilmente. Hay que ser curioso como el gato de Carolando si uno lo quiere encontrar.
Lo encontré también en niño jugando. Pero se ausentó en muchos otros. Y es en este punto donde mi comprensión se hace sombra. Probablemente no lo pude reconocer, o se le olvidó levantar el brazo al escuchar su nombre en la lista. Quizás lo confundí y me dejé llevar por otras impresiones. Probablemente tenga que continuar contemplando.
Seguiré buscándolo.