Por Juan Carlos Dall'Occhio
Avión y barco son las únicas opciones para llegar a la selva amazónica peruana. Nuestro presupuesto nos permitió la segunda, aunque de cualquier manera hubiésemos elegido ir por agua.
La empresa que hace el recorrido es una sola y su flota está compuesta por 3 naves iguales que, por su antigüedad y baja potencia motriz, demoran alrededor de tres días en llegar a destino (el recorrido es Yurimaguas-Iquitos, departamento de Loreto). El pasaje incluye las 3 comidas diarias: desayuno, almuerzo y cena… pero no contempla cubiertos (hay que llevar plato o taper, que es más aconsejable). El arroz y el plátano sancochado se repiten en todas las raciones hasta el empacho... y el problema no es la cantidad, como pensamos en un principio, sino la variedad.
Asimismo, para poder dormir hay que comprarse una hamaca paraguaya y buscar un buen lugar para colgarla o bien dormir en bolsa. Nosotros alternamos.Lo notable de este viaje es convivir durante algunos días con familias y personas de la zona (la capacidad es de 250 personas) e intercambiar ideas, costumbres y modismos del lenguaje.
En lo personal, aprovechamos el tiempo para descansar, leer y escribir… pero ante la curiosidad que despertamos en los niños -primero por ser “gringos”; segundo por nuestros quehaceres, como tomar mate, sacar fotos y leer en voz alta- decidí hacer un pequeño taller de escritura con algunos de ellos. Luego, en Buenos Aires, editaré un librito que voy a vender como material exótico y cagarles las regalías a los autores (Yo, argentino; Yo, Atlántida).
Cuentos de la Selva
En total participaron 5 pequeños y aquí socializo dos de los textos producidos (si tengo suerte con Internet, uno de ellos estará video leído por su autor). No voy entrar en detalle sobre las historias para que ustedes hagan su análisis, pero es interesante destacar los conflictos, los personajes y el escenario que eligieron los niños para los cuentos. Es recurrentes encontrar historias de chavales que desean explorar la selva y esta se hace respetar… por caso, apareció una especie de “señor de la bolsa” llamado Chullachaqui; un monstruo mezcla de cabra y humano que se desprende de un mito de la selva; también hay un hombre lobo, un cazador y hasta un partidito de fútbol. En fin, costumbres de la gente de aquí. Sin más, los dejo con los textos.
Un abrazo grande, tito.
El Chullachaqui
Por Hugo González López, 11 años, de Yurimaguas.
Había una vez hombre que vivía en las alturas de la selva junto con su familia. Tenía una hija que se llamaba Manuela. Ella era una mujer que le gustaba montear y vestirse de hombre para poder ocultarse en la penumbra de la selva.
Un día se fue a montear y ese día montó un sajino y un venado y le contó a su mamá. Su mamá, doña Mañuca, le dijo: “Hija, tal vez el Chullachaqui te estaba espiando, tienes que desconfiar de su apariencia porque parece animal y es demonio”. Y de repente ella se fue al monte y vió por el camino a un majas. Ella agarró el arma para cazarlo, aunque ella no sabía que en realidad era el Chullachaqui. La niña sacó del bolsillo un mapacho y empezó a fumar porque no pensaba que era el Chuallachaqui, y luego empezó a seguir al majas. Cuando se dio cuenta que no era un majas, sino que era el demonio del monte, se asustó y el Chullachaqui metió debajo de una sosbaboya a Manuela y ella se desmayó.
El Chullachaqui la robó y pasó una semana sin que nadie supiera de ella. Su mamá se preguntaba que le había pasado a su hija y sus padres se fueron a buscarla a los medios de comunicación. El tele dijo que las robó el Chullachaqui y sus padres ofrecieron sus animales como recompensa.
Un día se fueron donde estaba la chica abajo del árbol y el Chullachaqui la arrojó a sus padres. El hombre fue a agarrarle y la llevaron a su casa y la curaron. Al final su padre le dijo que nunca más volviera al monte por alimentos.
Fin
Adriana, amiga de los animales
Por Yefri Torres, 10 años, de Iquitos.