Iquitos
El puerto de Iquitos parece detenido en el tiempo. La costa del río Ucayali es territorio de serpientes, cóndores y tortugas gigantes llamadas charapas –de ahí que el apodo a los exiliados de la selva en Lima- . Las proximidades tienen pinta de haber sido devastadas por una inundación no muy lejana. Máquinas oxidadas, chatarra abandonada por todos lados. Aguas pantanosas por las calles y alumbrado que no funciona. Los hombres que van a embarcar se concentran en un bar frente a una casa en la que viven y trabajan cinco putas. Los tipos toman largos tragos de aguardiente. Las mujeres se quedan sentadas en la puerta, bajo la luz pelada de una bombilla, esperando.
La base naval, en contraste, está bien iluminada. Balastros y reflectores. Se trata de un bloque gigante de cemento pintado de verde con ventanas venecianas y una flameante bandera con bastones rojos y estrellas blancas sobre un fondo azul en la entrada. Está cercada y rodeada por petizos morrudos y armados que lucen anteojos negros y toman Coca-Cola. El complejo tiene un aeropuerto internacional privado, calderas con agua potable caliente (un lujo) y una pequeña oficina de National Geographic anexada que sólo le da información a los investigadores y científicos sajones que van a hacer su trabajo a la reserva Pacaya-Samiria, la más grande del país y la segunda de la hoya amazónica.
La arquitectura del centro de la ciudad es típicamente peruana: construcciones coloniales, colores ocres, la plaza de armas con la fuente seca y una iglesia con agujeros en forma de los sacrificios de oro y plata que fueron saqueados. Tiene un pequeño centro comercial con cuatro o cinco locales muy lujosos para un consumidor fantasma. En la calle principal hay un hotel cuatro estrellas de una cadena estadounidense. Nada de esto existe en el resto de las ciudades del departamento de Loreto, ni siquiera en ciudades importantes del norte de Perú como Chiclayo o Piura. En la puerta de uno de los locales se concentran niños que observan con admiración la vidriera. El local se llama Santa Cruz y vende ropa de surf en dólares. Una remera de neoprene cuesta lo que 50 kilos de papas negras. Jo.
SÁBADO 21 de diciembre EN TIGRE
Hace 5 años
No hay comentarios:
Publicar un comentario