28.11.09

Mujeres sin-seno (primera parte)

Por Juan Carlos Dall'Occhio

“La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue y contra lo que fue, anuncia lo que será” imprimió Galeano en las Venas Abiertas. América latina sufre el peso muerto de España y el saqueo hoy se hace carne en toda la región. Perú es en donde más se siente. La plaza principal de Miraflores, el barrio más paqueto de Lima, se llama John F. Kennedy. Lo curioso es que originariamente se la denominó Manco Capac -primer cacique Inca- y se la reemplazó en los noventa por ordenanza del alcalde Alberto Andrade, hace poco fallecido en Washington. La avenida más importante de este mismo barrio se llama Francisco Pizzarro, cabeza del genocidio Inca. El centro está minado de franquicias como Mc Donald’s, Starbuck, Pizza Hut, Hoyt’s Cinema. Caminando con oído freak se escuchan inflexiones de español contaminados de expresiones yankis. El look mirafloreño toca una nota desafinada en la triste melodía peruana. Eso sí, fuera de ese pequeño perímetro posmoderno está el presente. Millones de peruanos de todas las regiones: serranos, costeños y charapas que migraron a la ciudad por urgencia. Y bajo esa misma urgencia viven; hacinados en casas de cartón, tapados por la mugre, rodeados por afiches de publicidades y campañas políticas, pintadas de la Alcaldía como “prohibido orinar y defecar en la calle”. La Liverpool del siglo XIX sería un palacio. “Ellos son los que están mal”, por eso los taxistas de cabinas enrejadas no te quieren arrimar, por ejemplo, a Villa El Salvador, un barrio que se fundó en 1971 por los sin techo provenientes de las tierras altas y que fueron reubicados por el gobierno en una zona semidesértica sin ningún servicio. Los indigentes están dispuestos a matarte. La gente de la ciudad odia y teme a los del interior, quizás porque conservan sus costumbres indígenas.

El día que llegué a la capital peruana me encontré con un muchacho que, como yo, quería conocer el Alto Amazonas. Decidimos tomarnos el tiempo necesario para averiguar cuáles eran las mejores opciones para ir hasta Iquitos, capital del departamento de Loreto, ciudad más próxima a las comunidades de la selva. Esta metrópoli, al igual que Leticia en Colombia y Manaos en Brasil, está asombrosamente más desarrollada que grandes ciudades con mayor densidad de población del Perú. En realidad sorprende por la lejanía y lo dificultoso de su acceso, pero el hecho de ser la puerta de entrada a la magnánima reserva acuífera y forestal, entre muchas otras riquezas, deja de sorprender. Iquitos y Leticia, además, tienen instalada una base naval estadounidense. De Manaos fue depuesta hace más de 10 años. Jo.

Por aire y agua son las únicas formas de llegar. Nuestro presupuesto hizo fácil la elección: fuimos en barco, claro, aunque de cualquier manera hubiese elegido ese transporte. Nunca me fié de los viajes en avión, la sensación de elipsis, la anulación de espacio-tiempo, descolocan a cualquier ser animado. El viaje en barco, asimismo, tiene dos opciones: viajar en bus 20 horas desde Lima hasta Pucallpa, una gris y fría ciudad-puerto, y desde allí navegar cinco días río arriba hasta Iquitos. O bien seguir por la costa hasta Trujillo, donde podríamos relajarnos en las calientes playas del Pacífico, y hacer conexión a Yurimaguas, la otra ciudad-puerto de la que parten naves a la selva que demoran cuatro días.

Si bien la diferencia en tiempo entre las dos rutas, a priori, es mínima, en aquel momento el servicio meteorológico vaticinó una gran tormenta en la cordillera que provocaría derrumbes y bloqueos en las carreteras. Enero y febrero son los meses favoritos para el encuentro entre el altiplano y la lluvia. Por ese motivo proliferó la idea de caminar Lima unos días más y luego ir a Trujillo a esperar que el tiempo abra el destino en forma de selva.

26.11.09

Mirar pensar mirar

En cinco entradas continuadas, con una semana de diferencia, voy a subir una crónica non-ficcionada del Amazonas. Ese será el último documento del blog.

tictoc

27.10.09

Hay bastante metafísica en no pensar en nada


Por Fernando Pessoa*

¿Qué pienso yo del mundo? ¡Yo qué sé lo que pienso del mundo!
Si me enfermase, pensaría en ello.

¿Qué idea tengo yo de las cosas?
¿Que opinión tengo sobre las causas y los efectos?
¿Qué he meditado sobre Dios y el alma
y sobre la creación del mundo?
No sé. Para mí pensar en eso es cerrar los ojos
y no pensar. Es correr las cortinas
de mi ventana (pero no tiene cortinas).

¿El misterio de las cosas? ¡Qué sé yo lo que es misterio!
El único misterio es que haya quien piense en el misterio.
Quien está al sol y cierra los ojos
comienza a no saber lo que es el sol
y a pensar muchas cosas llenas de calor.
Pero abre los ojos y ve el sol
y ya no puede pensar en nada
porque la luz del sol vale más que los pensamientos
de todos los filósofos y de todos los poetas.
La luz del sol no sabe lo que hace
y por eso no yerra y es común y buena.

¿Metafísica? ¿Que metafísica tienen aquellos árboles?
La de ser verdes y encopetados y tener ramas
y la de dar fruto en su momento, nada que nos haga pensar
a nosotros, que no sabemos tomarlas en cuenta.
Pero ¿qué metafísica mejor que la suya,
que es la de no saber para qué viven
ni saber que no lo saben?

«Constitución íntima de las cosas...»
«Sentido íntimo del universo...»
Todo esto es falso, todo esto no quiere decir nada.
Es increible que pueda pensarse en cosas como éstas.
Es como pensar en razones y fines
cuando el comienzo de la mañana está rayando y por
los lados de los árboles
un vago oro brillante va perdiendo la oscuridad.

Pensar en el sentido último de las cosas
es exagerado, como pensar en la salud
o llevar un vaso de agua a las fuentes.
El único sentido íntimo de las cosas
es que no tienen sentido íntimo alguno.

No creo en Dios porque nunca lo vi.
Si él quisiera que yo creyera en él,
Sin duda que vendría a hablar conmigo
Y entraría por mi puerta adentro
Diciéndome, ¡Aquí estoy!

(Esto es tal vez ridículo a los oidos
De quien, por no saber lo que es el mirar a las cosas,
No comprende a quien habla de ellas
Con el modo de hablar que reparar hacia ellas enseña.)

Mas si Dios es las flores y los árboles
Y los montes y sol y la luz de la luna,
Entonces creo en él,
Entonces creo en él a toda hora,
Y mi vida es toda una oración y una misa,
Y una comunión con los ojos y por los oidos.

Mas si Dios es los árboles y las flores
Y los montes y la luz de luna y el sol,
¿Para qué le llamo yo Dios?
Le llamo flores y árboles y montes y sol y luz de luna;
Porque si él se hizo, para que yo lo vea,
Sol y luz de luna y flores y árboles y montes,
Si él se me aparece como siendo árboles y montes
Y luz de luna y sol y flores,
Y él quiere que yo lo conozca
Como árboles y montes y flores y luz de luna y sol.

Y por eso yo le obedezco,
(¿Qué más sé yo de Dios que Dios de sí mismo?),
Le obedezco viviendo, espontaneamente,
Como quien abre los ojos y ve,
Y le llamo luz de luna y sol y flores y árboles y montes,
Y lo amo sin pensar en él,
Y piénsolo viendo y oyendo,
Y ando con él a toda hora.


*Texto que mandó Nico Palombo desde San Pablo.

15.10.09

Carta abierta

Por nadie.

A usted,
Señora compradora de woks y tacitas de café: a mí los productos me hablan.
La comprendo, y hablamos de supersticiones nomás. Le paso a explicar:
Sé que usted hace lo posible para que ellos no se levanten en armas, pero a mí, los productos me hablan señora, y necesito urgente verbalizar este universo, y sé también que a usted esto puede sonarle estrafalario, por eso le digo que la comprendo, pero creamé, soy un señor de bien, de esos que portan documentos, que hacen trámites, y que también dejan el asiento a esas pobres muchachas que aún no aprenden a cerrar las piernas ¡Claro!, es que aún no nos enseñan a vivir, pero no es cuestión de hechar culpas hacia afuera, lo que a mí me trae a esta mesa del Once, a escribir esta carta, es la repugnancia, porque a mí señora, los productos me hablan, y creamé que al ingresar a ese mausoleo me veo impregnado por una entidad abrumadora que se convierte en mi efímera alma, y a su vez, esta es registrada por un sensor "Dios abre la puerta y bienvenido", hay globos, burbujas y homicidios (A mí los productos me hablan señora ¿Cómo se lo tengo que decir?).
Lo suyo es pura superstición al creer que apropiándoselos y colocándole un código de barras al tomate va a evadir esta: mi realidad, la que mañana puede ser suya.
No sea cosa, que un día, los tigres, esas fieras de las cajas rugan, y quieran devorarla, y usted ahora, es una señora estrepitada por el mismo grito que zumba constante en mi ser, y ahora, ahora está sola, sola en medio de una multitud que se rie, sí, se rien de usted; son las caras del cartel que la conocen: ellos lo saben todo ¿Ahora me entiende?
Por usted le digo, ojalá nunca llegue ese día, porque va a sentir lo que yo hoy, caminando por una cinta de moebuis entre profilacticos y penes erectos que buscan mi boca, y al oído, otra vez, los productos que me hablan señora, y allí, allí, en la inmensidad luminosa unos soldados haciendo fila, avanzan, avanzan, están muertos, pero eyaculan cuando sus prodcutos enviados por un dios misericordioso, son recibidos por sus domesticadas, esas señoras, como usted, de rostro barroco y:
- Muchas gracias por su compra ¿Desea donar su vuelto a los niños pobres?
- Sí, sí, deseo, deseo todo, claro, esos niños, yo, los productos, tomen, tomen, aquí tienen mi alma, siempre la tuvieron.
Me pregunto señora, si esta, mi carta, tendrá algún sentido. Ya nada lo tiene para mí, porque a mí ¿Sabe? Los productos me hablan. Seguramente, usted, del otro lado, mi primer y última confidente, quizá no sepa leer, quizá no quiera entender, no conviene entender, pero creamé, yo a usted sí la entiendo, y hasta creo que soy yo quien deba contenerla ahora.
De mi mayor consideración, si usted cree en que yo existo (confío en que usted sí existe, creamos en algo aunque sea), dejemos de lado las supersticiones, a un lado la compra de woks ¡Seamos carne una vez! Anímese e invíteme una tacita de café.

5.10.09

Somos transmisores, de H.P.Lawrence

Mientras vivimos somos transmisores de la vida.
Y cuando dejamos de transmitirla, la vida deja de
fluir por nosotros.
Esto es parte del misterio del sexo, es un flujo hacia
adelante.
La gente asexuada no transmite nada.

Y si cuando trabajamos, podemos inyectar vida a lo que hacemos,
vida, más vida nos invade, nos inunda y compensa,
nos alista,
y vibramos con vida a través del curso de los días.

Aunque sólo fuera una mujer haciendo torta de
manzana, o un hombre creando una silla,
si la vida entra en la torta, buena es la torta
buena es la silla:
contenta la mujer, con fresca vida manando en su
interior,
contento el hombre.

Da y te será dado
es todavía la verdad acerca de la vida.
Pero dar vida no es tan fácil.

No significa entregarla al primer miserable, o dejar
que los muertos en vida te devoren.
Significa propiciar el fuego de la vida donde no lo
había,

aun cuando sólo fuera en la blancura de un pañuelo
lavado.
foto: gastronomía tica